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Documentos Corporativos

Los primeros documentos patrocinados por la industria demuestran un vínculo entre el cáncer y el asbesto. Revelación esta, que si se hubiese hecho pública, pudiese haber salvado gran cantidad de vidas. Desdichadamente, la industria del asbesto, a fin de proteger sus ganancias, tomó la decisión conciente de mantener esta información en secreto.

Uno de los principales proveedores de investigación contratados para trabajar en el tema fue el Laboratorio para Investigaciones de la Tuberculosis, Saranac (“Saranac Laboratory for Research on Tuberculosis”). El Laboratorio Saranac había comenzado como un anexo al sanatorio en las montañas Adirondack en el norte de Nueva York. Este laboratorio ya tenía la infraestructura para la investigación en animales de los efectos de la inhalación de polvos, para estudiar entonces los efectos sinergísticos de la silicosis y la tuberculosis a principios de la década de 1920. Como resultado, ese laboratorio también estaba muy bien preparado para investigar los efectos de otros polvos.

Algunos de los primeros trabajos publicados por Saranac sobre el asbesto, fueron financiados por la industria del asbesto, y su resultado fue una serie de documentos, ahora conocidos como los “Los trabajos de Sumner Simpson”. En 1936, varias empresas de asbesto, se unieron para financiar un estudio contratado a Saranac, un contrato que luego fue renovado anualmente por 10 años. Las revelaciones de los estudios de Saranac demuestran un vínculo comprobado entre la exposición al asbesto y el cáncer. No obstante, en una junta, en 1947, entre los miembros de las compañías que financiaron el estudio, acordaron que “no habría publicación de la investigación sin el consentimiento del grupo” y que “ninguna publicación utilizaría material objetable para ellos”, como por ejemplo, cualquier relación entre el asbesto y el cáncer. Como consecuencia, la publicación final, omitió evidencias que vinculan la exposición al asbesto y el cáncer y el acuerdo final del grupo que financió el estudio, acordó “borrar del reporte cualquier referencia a cáncer y tumores.” Lastimosamente, esta información que hubiese sido invalorable para tantos miles trabajadores en EEUU, se enterró y escondió del público.

Sumner Simpson era el presidente de la empresa Raybestos-Manhattan, Inc. entre 1930 y 1940. Sus correspondencias con otros miembros importantes de la industria del asbesto demuestran los muchos esfuerzos que la industria hacía para suprimir y esconder las evidencias sobre los peligros y daños de la exposición al asbesto. Por ejemplo, en 1935, el Sr. Simpson le escribió a Vandiver Brown – abogado de la Johns-Manville Corporation -- que “mientras menos se diga sobre el asbesto, mejor será para nosotros [la industria del asbesto].” Compañías como la Raybestos-Manhattan e individuos como el Sr. Simpson también ejercieron fuerte presión sobre las publicaciones del gremio, incluida la revista Asbestos Magazine. De hecho, en cartas de la revista Asbestos Magazine al Sr. Simpson, se documenta el consentimiento y acuerdo de la revista a los pedidos del Sr. Simpson, en los que se exige no publicar nada referente a los peligros del asbesto. En 1939, el jefe de publicación de la revista Asbestos Magazine, le escribió en una carta a Sumner Simpson, “Como ha podido ver en todo lo que le hemos escrito en varias ocasiones, en relación con la publicación de información, o discusión de la asbestosis en el trabajo, y el trabajo que se ha hecho y que continuamos haciendo para eliminar o por lo menos reducirla. Usted siempre ha insistido en que no se publique nada por razones obvias y sus deseos han sido respetados…” En otra carta, de la Johns-Manville Corporation al Sr. Simpson en 1941, el funcionario corporativo Johns-Manville Vandiver Brown escribe acerca de la actitud desdeñosa de la industria y de la falta de preocupación por sus empleados, “Yo consideraba muy probable que a un gran número de suscriptores no les gustaría un artículo de ese tema, en las revistas del gremio. Especialmente, teniendo en consideración la actitud de negación y de esconderse, que solían expresar los miembros de la industria.”

Las corporaciones siguieron escondiendo lo que ya sabían, ya que en 1948, cuando el Laboratorio Saranac hizo pruebas con el polvo de un producto de aislamiento térmico de la empresa Owens-Illinois, llamado “Kaylo”, el Laboratorio Saranac le reportó a la empresa Owens-Illinois que el “Kaylo” era capaz de causar asbestosis y debería ser manejado como un polvo industrial dañino. Desafortunamente, Owens-Illinois nunca publicó ningún folleto ni hizo advertencia alguna sobre los daños y riesgos para la salud de su producto “Kaylo”.

Estas son apenas algunas muestras de los múltiples ejemplos de evidencia de la actitud indiferente de la industria americana respecto a los peligros y riesgos del asbesto y su consciente desprecio por la seguridad de los trabajadores. Esa actitud está mejor descrita en un documento escrito el 12 de septiembre de 1966 por E. A. Martin, Director de Compras de la Bendix Corporation.

“Mi respuesta al problema es: si has vivido una buena vida trabajando en la industria del asbesto, porqué no morir por la industria. De algo vamos a morir.”

La tragedia causada por el asbesto pudo haber sido prevenida, si la industria hubiese escogido proteger a los trabajadores. El triste legado de las acciones de la industria del asbesto es la crisis de salud pública que todavía plaga a los EEUU.





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